BeLit 101: Narradores (o Todo el mundo miente hasta que se demuestre lo contrario)


Ante todo, disculpad que hayan pasado dos semanas sin BeLit 101, pero he estado sin conexión estos dos miércoles. Retomemos las clases donde las dejamos y, una vez más, me disculpo por la ausencia.



EL NÚMERO DE BUENOS LIBROS que se han escrito basados en una genial idea y nada más se pueden contar con los dedos de una culebra. No basta con una historia, también hay que sopesar con cuidado muchos otros factores. Uno de estos factores clave es la elección del narrador. Según la clase de narrador que encontremos, tendremos que adoptar una u otra postura ante la historia. Una historia puede darnos diferetes sensaciones contada por diferentes personas, así que hoy vamos a hablar de narradores.

Pero antes de nada hagamos una regresión a la infancia, ¿Qué tipo de narradores existen? Narradores en tercera persona y narradores en primera persona. (También está el narrador en segunda persona, pero digamos que los libros con narrador en segunda persona que váis a encontrar sin buscarlos a conciencia también se pueden contar con los dedos de una culebra).

Empecemos con los narradores en tercera persona. Omniscientes o limitados, estos narradores suelen ser buena gente. Son una voz y nada más, ajenos a la acción de la historia. Se limitan a contarte los hechos. Los narradores en tercera persona son muy útiles para contar historias enmarañadas o que ocurren en varios lugares o épocas diferentes, porque aúnan la trama, saben todo lo que ocurre, dentro y fuera de los personajes, y son objetivos (o al menos deberían serlo, lo que no asegura que siempre lo sean, véase el Síndrome del Escritor Tocanarices). No deben preocuparnos mucho, estos buenos narradores, porque suelen ponernos las cosas fáciles.

Pero siempre hay un pero. Después de los narradores en tercera persona están los narradores en primera persona. El protagonista nos cuenta la historia él mismo (como por ejemplo en Grandes esperanzas, de Charles Dickens), o bien es un compañero o personaje del entorno del protagonista el que nos cuenta los hechos (como el doctor Watson en los libros de Sherlock Holmes). Y aquí es donde empieza el problema: Todos sabemos que las novelas son ficción. Sabemos que lo que leemos no es verdad. Pero aún así, dentro de la novela, en la historia que estamos leyendo, hay cosas que son verdad y cosas que son mentira. En resumen, que las novelas nos cuentan historias que no son verdad, pero en esas historias existe el concepto de verdad y de mentira. Ahora hagamos una pausa para que quien lo desee pueda ir a por una aspirina y un vasito de agua.

Y dicho esto, vayamos con la lección del día:

JAMÁS CONFIÉIS EN UN NARRADOR EN PRIMERA PERSONA.

Los narradores en primera persona mienten. Mienten más que los políticos y más que los abogados malos de las películas americanas. Y esto es verdad en un 99% de los casos. A veces los planetas se alinean y aparece un narrador en primera completamente honesto, como por ejemplo, una razón más para quererla, Jane Eyre, protagonista de la novela homónima. El resto de los casos están vendidos. No estoy diciendo que todos los narradores en primera persona sean unos mentirosos rematados. A veces puede ser que no sepan la mitad de las cosas que suceden a su alrededor. O que estén desinformados. O que sean demasiado inocentes. Hay mil razones. Pero lo que nos importa es que él o ella no es de fiar si queremos enterarnos de la historia.

Un buen ejemplo son los narradores niños. Cuando se es niño, el mundo se ve de un modo diferente y si estás planeando escribir una novela con un narrador infantil, tu trabajo es que realmente parezca que lo está contando un niño. Los niños no comprenden muchas cosas, porque son inocentes. Así que si un niño os va a contar una historia de adultos, podéis esperar que haya muchas cosas distorsionadas en su versión. ¿Es el niño un mentiroso? No, pero como narrador no es de fiar, lo cual nos dificulta el trabajo a los que leemos usando CR.
Muy bien, esto pasa con los niños. ¿Pero y los adultos? Pues hay más razones que ollas en el mundo, señoras y señores. Por ejemplo, que el protagonista no pille lo que está pasando a su alrededor. O puede que el narrador esconda algo que no quiere que sepamos. Tal vez, no es raro encontrar esta forma en las novelas de detectives, hay varias personas contando su versión de un mismo hecho. O tal vez la historia la está contando una persona muy, muy mala que sólo nos cuenta lo que quiere. (¿Alguien ha pensado ya en Humbert Humbert, el narrador de Lolita, de Nabokov?)

Múltiples casos y múltiples historias, pero todos tienen algo en común: Que no nos podemos fiar de ellos. Entonces, ¿por qué usar un narrador en primera persona? Pues sencillamente para asegurarte de que el lector piensa por sí mismo y enriquecer a la vez el texto. He aquí un ejemplo: El día que empecé a leer Cumbres Borrascosas yo estaba muy, muy confundida. Oh, Emily Brontë, pensé yo, con estas reglas yo no juego. El narrador de esta obra maestra de los narradores poco fiables es un tal señor Lockwood. Desde el primer momento de la novela, para la gente un poco avispada, queda más que claro que el señor Lockwood tendría dificultades para encontrarse su propia nariz. Al instante decide que su casero es un hombre espiritual y callado, cuando todos vemos que en realidad es un hijo de mala madre y encima maleducado. Y cuando todavía no nos hemos recuperado de la impresión de que nos vaya a contar una historia no lineal y llena de flashbacks un mentecato como este, nos enteramos de que él no conoce la historia de primera mano. La historia se la cuenta Nelly Dean, un ama de llaves que cotillea demasiado, que es totalmente subjetiva y que encima tiene la peculiaridad de saltarse todos los detalles, que son muchos, que ponen su 'buena voluntad' en entredicho.
Así pues, poneos cómodos, porque una mentirosa fisgona le ha contado una historia a un mendrugo ignorante y ahora él nos la va a contar a nosotros. Abróchense los cinturones, porque el viaje promete baches.

Para que luego digan que leer no es un deporte de riesgo.

Así que recordad, la próxima vez que encontréis un narrador en primera persona, leedle sus derechos porque es culpable hasta que se demuestre lo contrario. La semana que viene, el miércoles, nueva clase de BeLit 101:

Terror 101 (o Los vampiros de verdad no tienen nada que ver con las estacas)

3 comentarios

  1. Espero la próxima entrada. Esta ha sido interesante. ¿La siguiente será sobre vampiros verdaderos? ¿Esos locos monarcas que mataban a diestro y siniestro? En fin, seguro que me equivoco pero estaré atenta. Buena entrada :D

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  2. Jajaja me he reido mucho con lo de que los narradores en primera persona son unos mentirosos, estoy de acuerdo.
    Tengo que decir en favor de la segunda persona que yo escribo relatos a veces en este genero porque parecen diferentes y me gustan; creo que también haces participe al lector sobre los sentimientos intimos del narrador.
    Por otro lado un ejemplo perfecto del narrador niño que no sabe lo que esta ocurriendo podría ser el niño del pijama de rayas.
    Creo que es muy interesante hablar sobre narradores porque ¿hay alguna norma sobre si se pueden alternar? ¿afectarían a la estructura lógica del libro? Como ves estoy muy interesada en el tema...
    Muy buena la entrada, besos.

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  3. Para transmitir sentimientos y hacer que el lector se identifique con el personaje yo apuesto siempre por la primera persona, pero es curioso que escribas en segunda, tiene que ser bastante interesante para experimentar.
    En cuanto a narradores alternos, no existen normas, por supuesto. La literatura va hasta donde la puedas llevar y siempre es bueno ir un poco más allá con nuestros experimentos. Pero siempre hay que tener en cuenta las necesidades de la historia. Por ejemplo, siempre he pensado que la trama de la novela 'Rebecca' se presta a bastantes experimentos con respecto al narrador, pero también creo que si Daphne du Maurier hubiese usado otra forma distinta a la que usó (que es una primera persona de toda la vida) la novela en conjunto habría perdido mucha fuerza.

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