La compasión de la muerte



La he escuchado. Tu llamada. Un grito irrefrenable, ansioso y desesperado me ha mostrado la naturaleza de tu verdadero dolor y así, tal cual es mi deber reconocido y aceptado, he acudido a ti dispuesta a escuchar tu súplica.
Y al llegar hasta a ti, lo único que encuentro es un niño asustado, aterrado y desorientado. Sólo quiero saber una cosa, ¿qué es lo que crees que obtendrás con todo esto?

Abandona ahora mismo esa actitud arrogante frente a mí. Es absolutamente innecesario, pues mi vista va mucho más allá de tus rasgos, llegando incluso a ahondar en la auténtica profundidad de tu alma. Y aún así, mientras intento en vano comprenderte, sigues aullándome y clamándome en el desgarrador silencio de la situación.

¿Realmente es esto lo que quieres?
Me resisto a creerlo.

Quizás pienses que no necesitas de toda esta charla, que lo único que hago hablándote así es prolongar aún más tu agonía. No es así, y aunque ni siquiera pretendo que aprecies una ínfima parte de la misericordia que te estoy regalando, necesito comentártelo. Jamás he concedido tal oportunidad a ningún otro, deja que al menos que me desahogue antes de que todo esto acabe. Humano o no, la verdadera realidad de la existencia escapa precipitadamente de tu humilde comprensión. Pero aún así, créeme cuando te digo que necesito que me expliques toda esta situación, que me des un solo motivo para que no parta en este preciso instante dejándote aquí, sumido en el olvido y desterrado de mis planes, durante bastante tiempo.

“No puedes negarte a concedérmelo” esos son tus pensamientos, ¿de verdad crees eso? La ingenuidad es una de las cualidades que más me fascinan.

La perspectiva que se presenta ante ti brilla, clamando por una experiencia no vivida mientras tu negatividad te consume hasta límites que la desesperación apenas reconoce. Motivos egoístas o plenamente justificados, no soy precisamente yo a quien deberías rendirle cuentas sobre eso. Piénsalo por favor, pues mi poder no va más allá del simple viaje.

En mi búsqueda altruista y contradictoria de conseguir hacerte recapacitar, me doy cuenta que ya es demasiado tarde. Has tomado tu decisión… Solo te pido un último deseo, pues al menos eso me debes: dime, grítame, tan alto y tan claro que sea capaz de entenderlo de una maldita vez, ¿qué es lo que puedes querer de mí?

Sé que piensas que yo puedo ofrecerte algo mejor, que el compartir mi oscura existencia, te permitirá librarte de todo cuanto te causa dolor, todo lo que te hace apreciar tu momento y lugar en este mísero mundo. ¿Quieres que te sea sincera? No sé qué es lo que te espera después, pues en cuanto camines conmigo, estaremos condenados a guiarnos por caminos distintos. Tu marcha será irrevocable, te irás, descansarás, y yo permaneceré aquí, envidiándote, mientras sigo sucumbiendo a los designios de los demás.

¿Aún así sigues queriendo acompañarme?  
Quizás te hayan mostrado que soy la eterna e inevitable salvación, redención o maldición. A mi eso me da igual, pues desde que existo he sido nombrada con tantos nombres que ni siquiera un milenio alcanzaría a bastar para enumerártelos. Soy quién soy, quién tú quieres que te agarre y te “salve”.
Siempre he odiado esto.
Vuelvo a mirarte, ¿y qué es lo que encuentro? 
¿Dudas?
Demasiado tarde para ello.  
¿Miedo?
Ya ni siquiera debes tenerlo.  
¿Impaciencia?

Por favor, para de pensar eso, deja de crearme desconcierto.
Ya todo está dicho, y si eso es lo que realmente deseas no seré yo la que te haga esperar. Ya solo me queda una cosa por decirte: valor, mirada al frente y barbilla alzada. A partir de aquí ya no habrá vuelta atrás, y aunque tu acto puede considerarse de cualquier manera menos noble, ya nadie tendrá la oportunidad de juzgarte. Vuelve a comenzar, por ti, por mí… Esto no es más que el comienzo del final.
¿Lo comprendes todo? Bien… luego no digas que no te lo advertí.
-Cierra los ojos y ven junto a mí.   

Las ventajas de ser un marginado de Stephen Chbosky

Es hora de ser sinceros y quizás, lo que más me ha dolido de esta novela, es que no es un libro que entra por los ojos. La portada es bastante desacertada, poco llamativa y, hablando mal y pronto, fea con avaricia. Razón principal por la que ha quedado un poco de lado desde que llegó a casa. Pero la casualidad quiso que hace nos días viera el trailer de la película y, después de enamorarme por enésima vez de Emma Watson, decidí darle una oportunidad al libro y... ¡MENOS MAL QUE LO HICE! 

Charlie es un chico extraño, peculiar y... marginal. Todo un wallflower (me encanta haber descubierto esa expresión). No se implica, piensa demasiado en todo cuanto ocurre a su alrededor, no es nada expresivo ni pasional y está claro que prefiere observar el mundo antes que vivir en él. Charlie está a punto de comenzar el instituto y, como es normal, tiene miedo. Ese miedo que todo adolescente hemos sentido por lo nuevo y desconocido. ¿Encajaré? ¿Encontraré amigos? Y por si esto fuera poco, hay que sumarle el suicidio de Michael, su único amigo. Con todos estos sentimientos encontrados en la coctelera, Charlie decide empezar a escribir cartas a un chico desconocido, su «Querido amigo», contándole su día a día y todo cuanto le ocurre en ese nuevo y maravilloso primer año de instituto. 

«¿Te acuerdas de cuando Charlie se acercó a nosotros por primera vez en el partido de fútbol... y te acuerdas de cuando Charlie desinfló las ruedas de Dave en el baile de antiguos alumnos... y te acuerdas del poema... y de la cinta de varios... y Punk Rocky a color... y te acuerdas de cuando todos nos sentimos infinitos...?»

Charlie, sus cartas, la forma en la que las narra, Sam, Patrick, la hermana de Charlie, Bob, esos «viajes» con malos retornos, los besos, los regalos, los libros extras de Literatura Avanzada que le da Bill, la vieja máquina de escribir... todo, absolutamente TODO, me ha enamorado. Desde la primera página, la historia me ha cautivado de una manera que hacía tiempo que no me atrapaba un libro. 

La vida de Charlie da un giro radical (la clase de giro que todos hemos deseado alguna vez) cuando conoce por casualidad a Patrick y a Sam en un partido de fútbol del instituto. Aunque los dos chicos, hermanastros y perfectos, son de último curso acogen a Charlie bajo el ala de una forma tan natural que hace que el amor por ellos crezca aún más. Samantha y Patrick le descubren a Charlie nuevos mundos donde la amistad, el amor a la vida y el derecho a ser uno mismo se mezclan con el sexo, las drogas y problemas que no debería tener que afrontar ningún niño. Lo que más me ha gustado del libro es la crudeza y lo real que es. Ni exagera a peor ni dulcifica a mejor una realidad que podría estar ocurriendo en tu propio instituto. Si tuviera que describir el libro con una sola frase diría: «Una maravillosa oda a la amistad». Y es que una vez cerrado y acabado, me muero por saber cómo les irá a Sam y a Patrick en la universidad y cómo afrontará Charlie este nuevo curso. Sólo puedo tener elogios para el libro. Por la historia, los personajes y la maestría de Chbosky al crearlos y contarla. MARAVILLOSO



Lo Mejor: Sam y Patrick. Patrick y Sam. Su furgoneta y el sentirse infinito. 
Lo Peor: La portada... fea fea fea! T_T 


¡Suscríbete y recibe la canción del silencio gratis!

* indicates required