Taller de Escritura (2) - Cupido y ruiseñores

Buenos días, como ya dije, es día 2 y aquí os traigo las nuevas inspiraciones para el día 15 de julio. Voy a postearlas también en el grupo de facebook, pero por si acaso alguien aún no se ha pasado por allí, pues os las pongo por aquí. 

Esta vez en vez de imagen os traigo una frase de uno de mis poemas favoritos. Que haya elegido esta vez una frase NO significa que debáis incluirla tal cual en el relato, sino que os inspire para cualquier cosa. A ver qué os inspira. Recordad:
—Escribáis lo que escribáis, debe ser del tirón y en sólo 1 hora.
—Deberéis publicar el segundo relato el día 15 de julio.
—Género y extensión que deseéis.
—Sed libres y dejaos llevar por los sentimientos que os despierten las inspiraciones.
—Cuidad la ortografía.
—Podemos comentar los progresos por twitter con el hashtag #TallerEscrituraBL

Aquí van:

1º La frase: "Pero tú no naciste para la muerte, ¡Oh, pájaro inmortal!"
2º La canción Sleepwalker  


Espero que disfrutarais con la primera entrega y que los que se acaban de incorporar lo hagan con ganas. Recordad que estamos en facebook y que en el grupo haremos mini ejercicios para inspirarnos y ayudarnos entre sí. Así que quien no esté, ya está tardando :P

Un besito 

#TallerEscrituraBL 1: El secreto está en la masa

Hoy es 1 de julio y, a pesar de los momentos de bloqueo que estoy viviendo ahora mismo, vengo aquí con mi primer relato para el Taller de Escritura BL (¡¡¡aplausos!!!). Para los que no sepáis de qué estoy hablando, podéis leer la entrada correspondiente aquí

Yo elegí la canción para inspirarme. Así que os recomiendo abrir este enlace en otra pestaña y ponérosla de fondo mientras lo leéis. Espero que os guste ^^ Este va dedicado a mi compañera chefera Xa! 

EL SECRETO ESTÁ EN LA MASA 

Movió el culo de un lado a otro, embriaga por el ritmo que salía directamente de los cascos que llevaba mientras el agua helada le recorría las manos. Limpiar siempre era la parte más laboriosa y la que menos le agradaba de su trabajo, pero el resultado de su arte hacía que todo aquello mereciera la pena. Cerró los ojos, mientras cogía un trapo y se secaba las manos, moviéndose por toda la cocina cantando a pleno. Inspiró con fuerza y el olor del guiso casi la hace llorar. 

No podía decir que tenía el mejor trabajo del mundo. Ser la segunda cocinera de un pequeño colegio de una ciudad nunca había sido su sueño, pero le dejaba vía libre para hacer magia con sus cuchillos, su imaginación y el escaso presupuesto con el que contaba para alimentar a más de cien estudiantes. 

El truco estaba en los ingredientes. Siempre lo estaba. 

Empezó a dar vueltas por el centro de la cocina. Le encantaba madrugar, prefería llegar pronto al trabajo y disponer del silencio y la soledad para cocinar. Así era más íntimo. Algo entre ella... y su invitado. 

—Delicioso... —susurró mirando al suelo y reparando en una pequeña gota roja. Sin más, se agachó y la limpió con el trapo que llevaba entre las manos. 

Consultó el reloj de su muñeca y se dio cuenta de que eran ya más de las ocho de la mañana. En breve empezarían a llegar alumnos y profesores para las primeras clases y más le valía terminar con la preparación antes de que a alguno de ellos se le ocurriera asomar su hocico por allí. Se remangó, cogió su mejor cuchillo para deshuesar la carne y le dio más volumen a su iPod. 

Sus pies se movían solos. 

Abrió la cámara frigorífica y sonrió de oreja a oreja al toparse con aquellos ojos azules nublados por el frío y apestando a miedo. Torció la cabeza y lo analizó de arriba abajo. ¿Por dónde empezar? ¿Qué trozo de carne era el mejor para aprovechar? Avanzó y el pequeño cuerpo atado con cinta adhesiva intentó retroceder, pero la pared del fondo le impidió ir mucho más lejos. La cocinera se acuclilló, dejando su rostro a escasos centímetros del de su plato principal. Le observó con un cuidado casi ceremonial, viéndole gesticular y susurrar cosas que la música le impedía oír. Sonrió al tiempo que se inclinaba sobre él y le acercaba el cuchillo a la garganta. Ella sería rápida, ya tenía práctica. 

¿Podía acaso gozar las vacas de la misma suerte que el chico que ahora se encontraba bajo ella? 

Lo dudaba. 

oooooo


—¿No es una pena lo de Darek? El director acaba de decirme que ha recibido una carta del muchacho diciéndole que renunciaba a la beca y se volvía a Estocolmo. 

La cocinera las oía susurrar mientras esperaban su turno en la cola. No se giró. ¿De qué le valdría hacerlo? Ella no era más que el instrumento. Sus gemidos de satisfacción cuando probaban su comida eran lo único que necesitaba y le interesaba. 

—Perdone, ¿qué es eso? 

La mujer se volvió hacia la joven estudiante que tenía delante. Una pelirroja llena de pecas demasiado delgada para serle de utilidad. Aún así sonrió. La chica entraría en la categoría de catadoras y no la de alimentos. 

—Albóndigas suecas —contestó llena de orgullo. 
—Pues huelen de maravilla —le acercó el plato para que le sirviera. 
—Saben aún mejor.

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