¡Zas! el granito de Pratchett para derribar los odios de antaño

Me he dado cuenta, quizás demasiado tarde, de que necesito una chistera de estas altísimas para quitarme el sombrero cada vez que acabo un libro del maravilloso Pratchett. Que adoro a este hombre no es ninguna novedad. Cualquiera que siga este blog más o menos con asiduidad lo sabe, así que sí, lo habéis adivinado, llega el momento de las maravillas y alabanzas a esta genialidad hecha carne. 

En esta entrega, el Comandante Vimes se las tiene que ver con una guerra que lleva gestándose demasiados años. Que los enanos y los trolls son enemigos mortales, lo sabemos todos, pero ahora que se acerca el aniversario de la batalla del Valle del Koom, los ánimos están demasiado crespados y cualquier cosa puede ser el detonante que suma a su ciudad en un hervidero de hachas y trolls muertos. Y por supuesto, no lo piensa consentir. A todo esto se le suma, la presión de Vetinari de que acepte a una vampiro en su guardia (algo que no le pone de muy buen humor) y que cada día y sin excepción, debe estar en casa a las 6 en punto para leerle al joven Sam ¿Dónde está mi vaca? 

Os confieso que esta es una relectura. No suelo hacerlo. Hay demasiados libros en este mundo que me apetece leer como para perder el tiempo leyendo los que ya he hecho, pero es que con Terry soy débil y caigo y río y disfruto y... y quedo como una tonta cada vez que suelto una carcajada en el autobús o por la calle mientras saco al perro. 

Aunque ¡Zas! no entre en mi podio de preferidos de Pratchett, es un libro cargado de moral, enseñanzas y epicness. Cosa que no os debe sorprender en absoluto. La incorporación de Sally, la vampira buenorra que siempre tiene todo bajo control, es un acierto. Hacía tiempo que había pensado en por qué no había una en la Guardia, que tanto se jacta de ser un nido de razas distintas, y Sally me ha enamorado hasta las trancas. Ese pique con Angua, loba contra vampira, rubia contra morena, buenorra contra buenorra y en medio el obtuso de Zanahoria. 

Lo que al principio parece un asesinato común y corriente de un grag enano (algo así como una mezcla entre ministro y guía espiritual), desemboca en una lucha más antigua contra una verdad, una leyenda y La Oscuridad que Invoca y que va detrás de nuestro querido Vimes. Lo que este hombre hace es magia con sus dedos y sus palabras. Lo que más me ha gustado de este libro es lo magníficamente bien que ha quedado reflejada la lucha entre el bien y el mal que vive dentro de cada uno de nosotros. Hay una escena en concreto, donde aparece el guardián de la oscuridad (y sí, hablo todo muy difuminado para no hacer spoilers) y dice algo así como: «No estoy aquí para no permitir que la oscuridad entre, si no para impedir que salga». Y para mí eso lo refleja a la perfección. Me quedo con esa frase, esa escena que llena de luz toda la novela y hace que cada página merezca la pena. 

«Pratchett tiene un don innato para escribir historias que se metan no sólo debajo de la piel, también en tu mente, tu alma y tu consciencia. ¡Zas! habla sobre el odio infundado, sobre la guerra y sobre cómo una mentira tiene más valor para algunos que la verdad. Intrigante. Reveladora. Cuidado, todos tenemos dentro una Oscuridad que Invoca»

LO MEJOR: Vimes y Willinkins. Ya quisiera yo un mayordomo así. 
LO PEOR: Lo mal que Vimes trata a su diablillo organizador 



Cuentos de Ciudad Esmeralda, Antología Benéfica ya a la venta


Dudo que haya por aquí alguien que no sepa qué es Mensajeros de Oz, pero como me gusta repetirme, yo lo voy a explicar. Hace muchos unos meses cruzó por mi mente la idea de hacer un libro de cuentos para una causa benéfica. Era algo loco y que no sabía muy bien por dónde iba a abordar. Poco a poco, pasito a pasito, nació la Antología de Cuentos de Ciudad Esmeralda

Recibimos más de 100 cuentos y, después de leerlos todos y maravillarnos con cuánto talento había por la red, reunimos 35 para hacer este libro. 35 cuentos acompañados de ilustraciones preciosas, mágicas... Monstruos en el armario, piratas, princesas, pequeñas estrellas... Fantasía por los cuatro costados. Un libro perfecto para cualquier ocasión. Además, lo que de verdad hace especial a este libro, es que todos sus beneficios irán a parar íntegramente a la Fundación Luis Olivares para niños con leucemia. 

Estoy tan emocionada de haber podido colaborar con este libro y hacerlo realidad, que no tengo palabras para describirlo. Sólo puedo animaros no sólo a comprarlo (que también! Porque os va a encantar! porque los 35 cuentos son una maravilla y las ilustraciones una monada que podéis hasta colorear  ♥ ), sino a ayudarnos a darle difusión en tu blog, facebook y twitter. ¡Cuanta más gente se entere, mejor!

Os dejo un cachito de lo que vais a poder encontrar dentro:

El joven Inocencia se quedó un rato pensativo observando a sus compañeros. En efecto, era un grupo de lo más extraño. Una vieja gloria de armadura oxidada y espada demasiado pesada que se hacía llamar Ser Sabiduría; un niño no mucho mayor que él, más preocupado en la perfección de sus bucles dorados que en el hecho de que no llevaba armadura, Ser Amor; y un hombre fuerte y ciego, bien entrenado en el arte de la espada que, según dijo, se llamaba Justicia, y la espada que siempre llevaba consigo, Verdad.

¡Si tenéis peques en casa o para vosotros mismos! Es un regalo perfecto. Además que está fenomenal de precio... ¡A menos de 10€! Si es que, todo está del lado del bien para comprarlo :D

Llevaos la noticia y difundid la palabra. ¡A por todas!

Podéis conseguir Cuentos de Ciudad Esmeralda aquí.
Y en Goodreads por aquí

Cazadores de Sombras: Los Orígenes - Cassi lo ha vuelto a hacer


Voy a hacer algo que no creo haber hecho antes: reseñar una trilogía al completo. Me pudo tanto el ansia cuando empecé a leerla (y, como ya aprendí con la primera trilogía me esperé a que estuvieran los tres publicados), que me zampé los tres del tirón. Sin respirar. Zas. Zas. Zas. Y ahora mismo sería incapaz de diferenciar las tramas ni los finales de estas. Es más, por difícil que resulte, no me gusta hacer spoilers en reseñas sobre segundas y terceras partes. Así que he decidido que lo más sensato es evangelizaros de golpe. Así que queridos míos, entrad y sentaos, que comenzamos. 

Tessa Gray lo ha perdido todo. Su tía acaba de morir, ha tenido que vender todo lo que poseía para pagar el entierro. Como un golpe de suerte, Tessa recibe un pasaje de parte de su hermano para que se reúna con él en Londres. ¡Una buena noticia al fin! Una lástima que la esperanza pronto se convierta en horror cuando, al llegar al Viejo Mundo, no se encuentre con su hermano Nathaniel, sino con las Hermanas Oscuras, dos brujas que la maltrataran y le harán pasar los peores días de su vida para hacer florecer un poder que jamás supo que había en ella.

El destino querrá que los cazadores de sombras se crucen en su camino, no sólo salvándola de un destino oscuro en manos de un maníaco apodado El Magíster, sino dándole la vuelta a su mundo y a su corazón. 

Que soy una de esas fans locas que se leyeron Los Instrumentos Mortales en apenas cuatro días no es ningún secreto. Cassandra venía de un mundo competitivo y muy saturado como es el de los fanfics alzándose victoriosa entre todas esas escritoras. Conocía los ingredientes del éxito y eso lo aplicó a su primera trilogía haciéndola especial, novedosa y muy adictiva. Acción y triángulo amoroso. Tiras y afloja. Un chico malo muy enamorado. ¿Se podía pedir más?

Por eso, cuando supe que iba a lanzar otra trilogía en el mismo mundo, pero ambientada en el Londres victoriano, supe que sólo esperaría a que estuvieran los tres libros en el mercado para leerla. Y ahora es cuando llega la parte difícil de la reseña: plasmar por escrito lo que me ha hecho sentir esta trilogía.

Lo más justo creo que sería decir que, para no variar mi (no) predilección por los protagonistas, el personaje que más he detestado y que no me ha aportado absolutamente nada ha sido la propia Tessa. ¿Por qué? Se me ha hecho repetitiva, quejica, demasiado bienqueda y muy mal aprovechada. Teniendo el poder que tiene, se han presentado muchísimas escenas en las que podía haber hecho uso de él y haberle dado espectacularidad al libro. Un poco de esa epicness que tanto me gusta y necesito leer últimamente. Leía sus escenas, sus pensamientos y veía que era esa clase de personaje femenino «fuerte y muy avanzada a su época», pero luego, a la hora de la verdad, era la típica mujercita victoriana que se mantiene al margen y habla mucho, pero hace poco. No he conseguido conectar con ella. Y eso me da bastante pena.

Sin embargo, aunque de vez en cuando Tessa me chirriaba y me hacía echarle una mala mirada de reojillo, queda totalmente eclipsada por la relación de Will y Jem. Y ahora es cuando debo controlar a mi fangirl interior para seguir escribiendo esta reseña y no empezar a dar saltitos y chillidos emocionados alrededor cada vez que me acuerdo de ellos. Con Jace y Alec, de la primera trilogía, ya nos habíamos topado con lo que era un parabatai. En el mundo de los Cazadores de Sombras, un parabatai es tu compañero de armas, se convierte en algo más que tu hermano, en tu otra mitad, en tu alma. Y esa relación de amor y amistad pura y sincera entre Will y Jem es tan perfecta y tan maravillosa, que ha sido lo que me ha arrancado más de un lágrima en los libros. Nada de lujuria ni ganas de que se líen. Era algo mucho más profundo y más hermoso. Ese amor cristalino que no emborrona el sexo. Parabatais. Will y Jem. Jem y Will. Que se detenga el tiempo y la trilogía sea sólo de ellos dos. Mágico.

¿La historia? Bueno, flaquea un poco en ciertos puntos. Le falta fuerza y variedad. Algo de intriga y giros argumentales. Se ha explotado una fórmula que funcionó la primera vez, pero en esta ha quedado bastante floja. Hubiera esperado más acción y menos paseos por el instituto. No me ha sorprendido y gustado tanto como me gustó la primera vez y, aunque está bien, normalita, ese es el problema de las altas expectativas: esperaba más.

¿Por qué debería leer Cazadores de Sombras: Los Orígenes? 
Porque el mundo de los cazadores de sombras siempre es un lugar al que a uno le gusta volver. Demonios, semiángeles luchando contra ellos y magia alrededor.
Por esos secundarios que no cuencen, sino enriquecen. Jessamine (OhMyJessamine), los Lightwood, Magnus...
WILL y JEM. 

¿He leído libros mejores? Sí, por supuesto, pero habrá cariño cada vez que recuerde a Will Herondale y James Castairs. En un triángulo, siempre hay alguien a quien detestas, el tercero en discordia que ves como al intruso. Aquí es justo lo contrario. Los competidores eran la verdadera pareja y yo sigo poniéndome triste cada vez que recuerdo ese epílogo y ese violín tocando la música de dos almas. 



Taller de Escritura BL - Cisne Roto

Hoy es día 1 de octubre y ya sabéis lo que eso significa: relato del taller. No sé si habrá algún alma descarriada que no sepa de qué estoy hablando, pero no os preocupéis, en este post os lo explico todo. Todas las noticias relacionadas, las inspiraciones y todo se publican en el grupo de facebook, para no saturar el blog. Es algo libre y, si os apetece, os animo a que os unáis. Que nada os frene

Las directrices de esta quincena decían que, siguiendo las inspiraciones, debía ser un relato de TERROR. Decidí elegir algo que nos hiciera salir de nuestra zona de confort (al menos a mí) y... bueno, el terror es algo que nunca he sabido escribir. No estoy segura de que me haya salido muy bien, pero lo he intentado. Eso es lo importante. Espero que os guste y esto es para aprender. Consejos y críticas son más que bienvenidos. Son muy apreciados. Aconsejo leerlo con esta canción de fondo. 


Se mordió el puño, con fuerza y desesperación, rezando para que aquello fuera más que suficiente para sofocar los gemidos lastimeros que abandonaban involuntariamente su cuerpo. No veía nada. ¿Cómo hacerlo cuando vives en una oscuridad que no puedes más que saborear? No le oía, pero le conocía lo suficientemente bien como para creer que por fin la había abandonado.

—¡Levántate! 
Un sobresalto. ¿De dónde venía la voz?
—Eres mía y bailarás.

Amasó el viejo tutú que le rodeaba la cintura y tiró de él con sus manos en un puño. Una luz se encendió iluminando el centro de aquel improvisado escenario. Se levantó como pudo. El hambre de la voz le había arrebatado la movilidad en la pierna izquierda. Había dejado de ser grácil, para convertirse en un lastre con demasiado miedo para dejarse morir. Avanzó un paso hacia la luz. Dos. El dolor le obligó a ahogar un grito, antes de caer hacia delante. El dolor también le invadió los brazos cuando fueron sus manos las que impidieron que se quedara sin los pocos dientes que él le había dejando. 

—¿Lo hueles? —volvió a respirar junto a ella. Murmullos sin voz. Terror sin salvación—. El hedor putrefacto de la pasión.

¿Dónde estaban las lágrimas que debían de estar barriéndole el rostro? Secas. Evaporadas. Un alivio del que también se le privaba.

Volvió a erguirse sobre sus piernas maltrechas y siguió caminando hacia el fondo de la oscura sala. Bordeó el foco de luz y sintió el desconcierto de su captor en el silencio y la atención con la que observaba cada uno de sus pasos. La luz la siguió, más tenue, casi vergonzosa de espiar sus intenciones. Llegó hasta el espejo que adornaba toda la pared de aquella sala. Mugriento y roto, pero con trozos lo suficientemente juntos para ver la obra maestra de un monstruo en el que ella misma se había convertido.

La pintura blanca y negra del rostro se había corrido, convirtiendo el cisne que en su día fue, en un polichinela maltrecho y furibundo.

Se miró las manos, rojas y pegajosas, la única nota de color en aquel mundo de corcheas en blanco y negro. Sangre. ¿Suya o del suelo? Era demasiada.

—Date la vuelta.

Ella obedeció. Cerró lo ojos y le dio todo lo que él deseaba. Se irguió sobre la pierna buena. Lo que antes pudo haber sido un movimientos ligero y fluido, ahora parecía los intentos futiles de un artrítico. Tras sus párpados, ella aún podía ser el cisne negro que volaba con las notas arrancadas a los violines. Nadie podía arrebatarle eso. Ni siquiera él.

Elevó los brazos, moviéndolos al son de una melodía que conocía demasiado bien. Acariciando su cara. Dejándola marcada por el jugo de la vida de otras personas. En puntas. Un paso. Giro. Plié. Grand plié. Rendu. La música se hizo más furiosa, peligrosa. Esa era su parte favorita. La de ella. La de él. Donde la anticipación se convertía en pasión sin contención. Donde el cisne expandía sus alas. Donde ella volaba.

—Míralos —notas discordantes.

No podía. Estaba bailando. Nadie podía interrumpir aquel baile. ¡No!

—Su talento era insuficiente al tuyo. Pobres, raquíticos, dispensables...

Una vuelta. Dos. Tres. ¡Cuatro! Rapidez y furia. El dolor dejó de pertenecer a aquel mundo. Sin aliento, fijó la salida en ambas piernas abiertas, sobre sus puntas. Notaba la sangre aún fresca de los que habían sido sus compañeros en su rostro, su cuerpo, el suelo que amenazaba con no soportarla mucho más. Abrió los ojos y no vio nada, sólo la sombra de lo que podía haber sido, de la voz que amenazaba con romper su equilibrio.

—Tú lo hiciste. Tú creaste esta maravillosa función —susurró la sombra, la inconsciencia. La sinrazón.
—Lo merecían. ¡Yo lo merecía!
—¿Qué es lo que merecías? —era audible la sonrisa en aquella inexistente voz.
—Mi apoteósico final. La sangre que cubre el suelo de mi escenario. Yo...
—Precioso.
—Lo sé.
—¿Y por qué no sigues bailando?
—Porque no sé cómo mejorar este final. No sé cómo podría conseguir el triunfo que tanto ansío. 
—¿Me temes?
—Sí. Tengo miedo de lo siguiente que me hagas hacer.
—¿Yo? Querida, debes temerte a ti misma.

No tiene tiempo de apartarse. Las manos son demasiado rápidas y su maltrecho cuerpo ha quedado prácticamente inservible. No sabe si fue Tom el que le destrozó la rodilla cuando vio lo que le había hecho a Cindy, o Romina cuando la vio cubierta de la sangre de un tramoyista. Sólo sabe que verles expirar su último aliento había sido el mejor chute de sincronía y belleza teatral que había recibido en su vida.

Las manos sobre su cuello aprietan y no la dejan respirar. No hay nada a lo que agarrarse, nada que alejar de sí misma. Era el final y no el final que tanto había esperado. Sin gloria. Sin el aplauso del público. Se había transformado de cisne a muñeca rota y tanta muerte a sus pies no la había alzado al podio de las bailarinas eternas.

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